La cultura, entendida como creencias, saberes, pautas de conducta, símbolos, medios de comunicación y de relación entre las personas y las comunidades es la expresión de las ideas dominantes de la sociedad que vivimos, en este caso, una sociedad patriarcal capitalista, antropocéntrica y etnocentrista, excluyente de las diversidades personales, sociales, culturales, raciales, étnicas y económicas.
Y esa expresión de ideas dominantes se manifiesta a través de múltiples instrumentos, unos más simbólicos y otros más estructurales, materiales, organizativos…
Como decimos en el libro 40 años haciendo barrio, la cultura con mayúscula no existe, aunque eso sea lo que siempre nos han vendido y han intentado que asumiésemos. Tampoco existe eso que llaman nuestra cultura, cuando lo que se pretende es ponerla frente a las otras y, además, en lugar privilegiado.
Pero sí existen las guerras culturales animadas desde las altas instancias políticas, religiosas y mediáticas, cuando se utilizan las creatividades de grupos y personas como armas arrojadizas, con objetivos ajenos a la creación artística y con intención de infundir miedo y censura.
Y cuando mencionamos la palabra cultura, estamos hablando también de educación, esa que suele vivir encerrada en las paredes de los centros educativos (o enganchada a “la nube”), porque ésta, la educación, es elemento básico de refuerzo, vehículo estructural, de esa cultura dominante que nos guía, en general, y en particular en las historias que nos cuentan (o callan) en algunas materias curriculares.
Pero como en todas las comunidades existen múltiples culturas y manifestaciones culturales que escapan al poder instituido, es ahí donde cobra importancia la acción de las vecinas y vecinos de los barrios, de los distritos, de las ciudades, pueblos y aldeas…
Así, desde su inicio, La Flor participamos en la Plataforma por unas Fiestas Populares, que durante todos estos años ha mantenido vivo el objetivo de visibilizar de forma colectiva la cultura popular de las vecinas y vecinos del barrio del Pilar y mucho más. ¡Y ahí seguimos!
También, reivindicamos la transformación del Teatro Madrid, cerrado durante catorce años, en un teatro abierto a los barrios del distrito, donde las expresiones artísticas de los grupos de teatro, música y baile pudieran disponer de espacios adecuados para ensayos y actuaciones. Hasta ahora no lo hemos conseguido, pero…
Igualmente reclamamos un nuevo uso ciudadano para la antigua fábrica Clesa, muy diferente del que se le ha dado.
Durante años, trabajamos junto a ampas y profesorado del distrito para profundizar en la educación comunitaria y permanente, para unir educación y territorio. Abrimos reflexiones en torno al papel educador de la ciudad y elaboramos algunas publicaciones al respecto (La ciudad también educa, 2009)
Nos sumamos a todas las reivindicaciones que buscan que los espacios públicos sean co-gestionados por las vecinas y vecinos de los barrios, consiguiendo que el actualmente conocido Playa Gata, se cediese para ser autogestionado por las entidades sociales.
Además de reivindicar que los centros educativos cerrados se abriesen, también, a las vecinas y vecinos de los barrios. En el 2018 conseguimos que uno de ellos se transformara en lo que hoy conocemos como Centro Comunitario Guatemala.
Y en los últimos años desarrollamos formaciones prácticas relacionadas con la comunicación comunitaria
- . Aprendiendo a contarnos (2020)
- . Historias que nos cuentan (2019)
Es en este contexto, cuando en el 2020 ponemos en marcha Onda Violeta, la radio comunitaria que nos acompaña a diario pero, sobre todo, los martes de 17 a 20 h desde el Centro Comunitario Guatemala.
